domingo, 2 de noviembre de 2008

MINI SIN TÍTULO -Por Andrea Zurlo

Uno de los problemas mayores de ese otoño fue que se le caía el cabello.
Al igual que las hojas de los árboles, sus cabellos primero amarilleaban y después sucumbían en jirones ocres. No hubo un solo médico que pudiera comprender lo que le sucedía y ella decidió ocultarse, aislarse en su casa avergonzada de ver su piel oscureciendo en corteza áspera.

Hizo apenas a tiempo para llegar a una maceta cuando los pies comenzaron a echarle raíces. Al fin y al cabo está contenta, al menos ahora florece en primavera.


Andrea Zurlo

sábado, 1 de noviembre de 2008

OTOÑO- Por Luis Alcocer















Puede que sea la tristeza
que nace con los brotes del otoño y muestra
su talante umbrío cuando caen las tardes.



Tal vez la soledad que cubre de penumbras y algodones grises
que empapan el silencio de lágrimas calladas y bajan
entre surcos que la piel ampara.



O ¿por qué no? las ilusiones entre cortinas mecidas por la brisa
que son tan largas de dolores que el tiempo no las abandona y afloran
los odres de recuerdos que al pasar han fundido en blanco y negro.



Puede que sea tanta la tristeza de este otoño
que me da igual que muera yo o que mueran otros
sólo me abrigo en la esperanza y sueño...



Luis Alcocer

EN EL ANDÉN DE LA PRIMAVERA-Fernando Ortega

En el andén de la primavera, con el corazón como la vez primera. Somos paralelas cruzadas por casualidad, siempre nos volvemos a ver después del final.
Taxi
************************************
No sé que hago aquí. La estación está vacía. Los railes, llenos de jirones de papel de periódico que hicieron de confeti en una despedida. Tal vez, en el último siglo han pasado por aquí no más de ningún tren. Como la vida. Siempre te sientas a esperar un tren pasar. O dos. O los mismos que los que han pasado por aquí.
Este andén fue una vez de nuestra estación. Dos que, en paralelo, decidieron pararse. Deshojamos margaritas engrasadas. Manos manchadas por el silencio. Pero los trenes se volvieron invisibles.
Y nos descabalgaron.
Y ahora, a esta hora, miro las vías, porque sé, que el tren, el que nunca cogimos, viene de camino.
Copas rotas, espinas. Vino y flores. Sentado estoy en el andén de la primavera.


Nin@delapuerta

NO TODOS LOS OTOÑOS SON DERROTAS-Por Pilar Moreno Wallace

A Belit-Seri

Me seducen tus palabras, antídoto de sombras y pesadumbres en nuestrocaminar por nombres y geografías. Las atesoro. Despiertan miimaginación desafiando al silencio que mantienes de tu nombre. No temas, no seguiré buscando la leyenda; sé que no me ha sido dado conocer su secreto. Ahora entregada al ritual inapelable de los días ocres, espero la llegada de las lluvias antes que el otoño abra de par en par sus puertas. Esta tierra fertil - aún tibia - retiene el vigor del verano y acoge a los hombres que salen a la siega. ¡Cuántas espigas cortadas! ¡Qué de trabajo para niños y madres! ¡Qué de bronce en el verde! !Qué contraste con los desiertos que detienen las fronteras! Hasta el loto sigue creciendo a la sombra de los sicómoros.Todo ésto me habla de ti, de un hombre que encadenaba sueños a la vida. Ráfagas de un tiempo que ya fue: ecos, huellas, contornos, palabras, besos, el blanco que te pertenece tánto como a mí, y el otoño que me trae tu silueta alargada. Ahora creo conocer la Verdad aunque quizás los recuerdos la deformen, pero sigue vivo el deseo de alcanzar esa luz que me lleve hasta esa Caravana que partió ya no se sabe cuándo. La maleta está hecha ya. Sólo tienes que decirme: ¡ven!,y haré de este otoño nuestra morada.


Uxa

sábado, 25 de octubre de 2008

HOJAS DE OTOÑO-Por Mariángeles Cantalapiedra

Amaneció lloviendo. El aire silbaba en mi ventana con rabia mientras mi pereza hacía gala de esa hora temprana en la que no distingues si es niebla lo que oscurece tus ojos, o un sueño que no despierta.
Me vestí con lentitud y desidia; hay personas en esta vida que te llegan a convencer de que hagas lo que hagas, nunca llegarás a ser luz en un día gris y yo, me lo creí. Así que, ¿para qué la prisa, la emoción de comenzar?
Fuera, el día intentaba clarear sin éxito. Parecía que la oscuridad en esa jornada sería eterna, y sólo permanecería con vida el viento que insistía en rugir, aunque no lograra encender la llama vital de mi existencia.
Sin embargo, el dispositivo interno programado, no encuentro mejor expresión para contar que mis actos aunque mi cabeza no funcione ni mi corazón sienta, hay algo que hace moverme, realizar los mismo gestos sin que sea consciente de ellos… Y, entonces, abrí la ventana, como cada día, y vi volar, volar muchas hojas ambarinas. Corrían con la prisa de llegar a su destino. ¿Cuál? El fin. Para ellas ya había terminado su plazo. Se estrellarían contra un parabrisas, yacerían en medio de una calzada. Otras, aún revolotearían un poco más por un parque desierto…, quién sabe.
Para mi esas hojas muertas fueron un chorro de agua viva en una mañana en que no deseaba amanecer, pero el otoño y su hechizo me hicieron caminar un día más de mi vida
.
Texto: Mariángeles Cantalapiedra
Fotografía: Lola Bertrand

sábado, 18 de octubre de 2008

ELOGIO DEL OTOÑO (Caticrónica contradictoria) Por Cati Cobas

Dicen que sólo los sabios son capaces de aceptar con dignidad sus propias contradicciones. Y no quisiera que mis nietos llegaran a pensar que su abuela fue una mujer muy necia. Es por eso que hoy me dispongo a escribir este elogio del otoño.
Sí, amigos, después de haber dicho el año pasado que odio esta época , me siento a teclear un elogio para ella. ¿Qué el cambio de estación me tiene trastornada? Me tenía. Lo irremediable ya se ha impuesto. Por más que ate, una a una, las hojas a los árboles, éstas seguirán cayendo, y por más que me empeñe, no volveré a tener ni quince, ni tan siquiera unos cuarenta abriles. Los médicos y abogados me parecerán, cada vez, más chiquilines y cada vez, necesitaré un poco más de aumento en los cristales de los anteojos. Evocaré, con más nostalgia, aquella callecita de mi barrio, aquel bolero inolvidable, o aquel hermoso día en que Allen me conmoviera profundamente con su primera película.
Ahora, cuando todas las que veo me parecen repetidas, es cuando me impongo este deseo de simpatizar con el otoño.
¡Otoño! Este marzo Buenos Aires resplandece. No hace frío. Un sol brillante me acompaña en la caminata por el parque. El césped está recién cortado. Mi alma respira la esencia que brota de la tierra generosa, y comienza a sentirse agradecida. Por el camino andado, por haber podido sostenerme en vendavales y tormentas de verano y primavera, otoño, yo te doy gracias. Por tener a mi lado un hombre bueno, por los hijos que crecen, por la mirada dulce de mi madre, te doy gracias. Porque estar llegando al otoño y permanecer entera, no deja de ser un milagro increíble, aunque las arrugas se empecinen en rodear los ojos, y cueste un poco más subir por la cuesta que el destino marca. Porque ahora reconozco que haberc onservado a los amigos, así como tener otros muy nuevos, es recoger las mejores primicias de los frutos y los racimos más jugosos de la vendimia de este tiempo de nieblas y de noches más tempranas. No importan ya las "pausias" sin remedio. ¿A quién le asustan los calores y sofocos?
Una mujer valiente enfrenta erguida su destino, y deja de temerle al frío imparable que sobrevendrá de todos modos. Yo me digo, mientras transito los senderos crujientes y dorados, si se ha sembrado amor y el agua del sudor y de las lágrimas regó la tierra fértil. ¿Por qué seguir diciendo que te odio, amigo mío? Quiero firmar definitivamente el armisticio y reconciliarme para siempre con tu esencia, que encierra uno de los mejores secretos que la vida nos sugiere, ya que si aprendo a amarte, Otoño, podré envejecer con dignidad altiva, y recibir al invierno, enamorada.
Cati Cobas

¡ODIO EL OTOÑO! por Cati Cobas

Mi libro de lectura de Tercer Grado se llamaba Albricias y su autor era Gaspar L. Benavento. Nunca comprendí cómo alguien que le había puesto un título tan bonito a su libro había elegido como primera lectura la historia de una mujer que iba a morir cuando cayeran las hojas de los árboles. Para salvarla, su hija las ataba con lana, y así la mujer no moría. Se ve que en esa época no se pensaba tanto en los traumas sicológicos, pero les aseguro, amigos, que la frase: "Morirá cuando caigan las hojas" ha quedado grabada en mí, y creo que es una de las causas del enojo que me produce la llegada del otoño.
Todos encuentran belleza en esta estación del año. Hablan de sus colores, aromas y sabores como de algo casi mágico. Pero, por ahora, no puedo ser sabia y decir que es bello. Nunca me gustó el otoño. No le veo nada de bonito, romántico o poético. Van a tener que disculparme. Me cae pésimo. El viento, "lei motiv" otoñal por aquí, no me sienta. Me fastidia enormemente ver las hojas doradas que caen de cuanto árbol nos rodea. Tapan los albañales, y forman montañas de basura que la municipalidad no recoge. En mi tierra no se comen castañas, y como vivo en un departamento, el hogar de leña no existe. Sólo encendemos la estufa a gas, que no tiene nada de romántico, pero abulta considerablemente la cuenta de gastos a finde mes. No me gusta pensar que se avecina el frío, se van los pájaros y las flores menguan. En cuanto a la niebla: me parece un incordio abominable. Y el principal responsable de los accidentes de tránsito en las madrugadas porteñas. Si pudiera, ataría las hojas a los árboles para detener el verano, como la protagonista de mi cuento.
No me gusta el otoño. Cuando era chica significaba el fin de la holganza y el comienzo de las clases. El preanuncio de los sabañonesy la docena de abrigos que me hacían sentir un matambre* durante todo el invierno.Lo peor es que he descubierto que no se conforma con soplar y tapar los albañales. Es tan perverso, que se ha metido con la especie humana. Tanto en la vida de los varones, como en la nuestra, toma forma de mujer para que no lo reconozcamos. O por lo menos, eso creo, ya que los apelativos con los que se llama el otoño humano terminan con el sufijo griego "pausia" que significa corte, cesación. Ese es el otoño que más enojo me produce: parece que no sólo no piensa irse, sino que va dejando señales de que en unos años llegará un frío aún mayor, de que la vida tiene fecha de caducidad, igual que la leche y el yogurt. Una ya lo supo desde siempre, pero ahora las evidencias son más que palpables. La piel se arruga, los dientes se estropean, el sostén y la faja no se dan abasto para levantar todo lo que cae, imitando a las hojas amarillas, la niebla de la presbicia se instala en los ojos, y lo peor, cada tanto, aparece en el cerebro que comienza a ver la vida más gris, en vez de recuperar el sol de la primavera y el verano. Y para recordarnos el verano que ya pasó, la muy cretina nos deja los sofocos. ¡No hay derecho!
Y una se llena de preguntas sin respuesta y las dirige hacia el otoño, como si él fuera el responsable del paso inexorable del tiempo vital: ¿No podría haberse prolongado un poco la época de la siembra? ¿Por qué tan rápido llegar a la cosecha y preanunciar la siega?El otoño no responde por sí mismo, pero la vida sí lo hace.Porque mientras allá en el hemisferio Norte este "amigo" está por visitarlos, aquí Buenos Aires rebosa de golondrinas y azaleas.Y, mal que me pese, comprendo que debo aceptar que hay un tiempo para todo, y que la vida se renueva en un ciclo que continuará mucho más allá del momento en que caigan mis hojas.
Cati Cobas

viernes, 17 de octubre de 2008

VIEJOS AL SOL por Mariángeles Cantalapiedra



Hoy ha hecho una tarde muy hermosa; el otoño nos viene regado de sorpresas: días de tormenta que encienden el cielo hasta echar chispas por sus cráteres celestes.
Otros, son días de lluvia fina que calan nuestra alma hasta empaparla de nostalgia.
Y días, como el de hoy, en que los colores dan sus últimos suspiros. Tardes de un sol tierno y forajido que hacen de las hojas glaucas y ambarinas que penden sobre los árboles, el refugio idóneo para el trino de un pájaro locuaz.

Los ancianos, cuyo tiempo es casi ya eterno, pasean mirándose a sí mismos, disfrutando de este membrillo que, quizá, sea el último.
Me gusta observar a los hombres viejos en estas tardes de otoño.
Son niños expuestos a un rayo que no pica, que acaricia sus kilómetros de arrugas y que les hace salir al mundo a pasear sus silencios, a contemplar la hojarasca del solsticio ajeno, las soledades de otros, y comprobar que no están solos bajo la tempestad de la vejez que va marchitando la memoria, la sangre, los huesos…

Sí, me gusta ver a estos ochentones al sol, en un otoño templado, de tardes cortas y mañanas frías. Me hacen pensar en la sabiduría de sus ojos mientras la niebla cae sobre ellos y cómo subsisten a pesar de sentirse árboles caídos cuyas hojas, en otoño, se vuelven ocres, aceitunas y bermejas.


MªÁngeles Cantalapiedra

MIS OTOÑOS SON MUY MÍOS por Carmen Amaralis Vega Olivencia

Mis otoños son muy míos. Hay tantos otoños como los dedos de la mano. Hay otoños cortos, otoños largos, otoños gruesos en flores secas, y otoños delgados y rojos. Pero los otoños que yo conozco son muy míos. Son violentos,lluviosos, rabiosos, con ventoleras y vendavales de hasta 200 Km./hr. Mis otoños son impredecibles. Pueden arrancar tus raíces y llevarlas en vértigo de fuerza mortal hasta muy lejos. Otras veces ese mismo otoño en torbellino también dibuja avalanchas de caballos desbocados en las nubes. Y sus atardeceres, cuando se acuesta el sol, rompen los prismas del cielo y te regalan, para tu consuelo, todo un firmamento nmulticolor, pintando de azules y naranjas las ventanas de tus ojos. En mi tierra la llegada del otoño trae la frescura anhelada. El ardor de meses del infernal calor del verano termina, y se disuelve con la lluvia torrencial que nos trae ese otoño esperado y voluptuoso. Y la tierra agradecida lo espera para desvestirse del amarillo en sus praderas, y cubrirlas de esmeraldas y cristales de luz con las gotas de rocío en las madrugadas que besan un sol pálido y tímido ante tanta belleza. Mis otoños son muy míos. Si lo deseas, los comparto contigo en el Caribe.
Carmen Amaralis

¡QUÉ BELLA ES LA PRIMAVERA! Por Lola Bertrand

Hoy ha llovido sobre el techo de cristal de un tiempo perdido. Llovió tanto y tanto que el sonido de la lluvia se convirtió en palabras.El alboroto externo anuncia primaveras. Es un nudo de verdes que dejará paso a un arco iris de colores. ¡Qué bello paisaje!, -sueñan los ojos mientras se arrancan las malas hierbas de las pestañas.Vuelan cometas. Nunca dejará el viento de trasladar de un lado a otron uestros sueños. Cometas, estandartes de veleidosas alegrías futuras, anunciadoras de sonrisas en un mundo de gérmenes vestidos de esperanzas.Hoy ha granizado sobre un techo de cristal de un tiempo olvidado. Aun es primavera, susurran los árboles del parque, y los nidos de los cisnes dejan adivinar el plumón de sus "patitos feos".El granizo destruyó la cosecha de almendros y cerezos, pero la vida sigue: dolorosamente pujante y hermosa, pero sigue…Nada acontece en las estaciones sin una razón muy perentoria. Cada acto de la naturaleza, aunque parezca dañino, tiene su razón de ser.La lluvia, el granizo, el sol, el viento son símiles de los estadios de otros sentimientos más profundos.¡Qué bella es la primavera!, aunque llegue cargada de grises,aunque no todas las miradas tengan sus retinas cuajadas de colores…

Lola Bertrand

ATARDECER DE OTOÑO- Por Luis Alcocer

-¡Cuánto tiempo sin venir a pasear por el parque, querido! ¡Cómo sabes hacer lo que siempre me gusta! ¡Qué bien me conoces!...

Un paseo por el parque, al atardecer, viviendo el Otoño con intensidad. Apretó fuertemente su brazo, mientras seguían andando:

-Cualquier otro marido se hubiera quedado en casa viendo el fútbol oen el bar con los amigos, pero tú eres distinto. ¡Para que luego diga Mamá que todos sois iguales y que la mujer casada es una esclava! Tú siempre haces lo que yo quiero. Y es porque estás muy enamorado de mí, lo cual es muy lógico, que no sabes la suerte que has tenido;mira a las mujeres de tus amigos, todas viejas y gordas, parecen misabuelas... Y, además, unas cotillas y unas antipáticas envidiosas.

Le cogió la cabeza y comenzó a besarle repetidamente en un oído:
-Mira, el estanque. Qué tranquilidad. Aquí solos los dos. Me gustaría poder detener el tiempo eternamente.

Él solo tuvo que empujarla. El ruido del cuerpo contra el agua quebró levemente el silencio. Luego, un chapoteo, unos segundos y un manto de paz se extendió por el parque.

Se dirigió hacia la salida, procurando no pisar una fila de hormigas que volvían a casa llevando a cuestas una cucaracha muerta: "Todavía llego a tiempo de ver el partido. Hoy gana el Madrid, seguro, y el Barsa fuera de la Copa de Europa".
Luis Alcocer

OTOÑO-Por Pilar Moreno Wallace


Me estremece la llegada del otoño, que se presenta despacio, sin prisas, tomando su forma y su sitio, deslizándose en nuestras vidas, apaciguado el deslumbrar primero del mutuo descubrimiento. Gozamos de la plenitud de nuestras sensaciones, avivadas por brotes de recuerdos, en la cumbre del camino que llevamos recorrido y esperamos con calma el comienzo del temido descenso. ¡Cuento contigo!, sé que estás aquí, has estado siempre desde el principio, cuando el mar del sur hizo uno nuestros caminos. No necesito oír tu voz para sentirte,me enseñaste a escuchar en el silencio. Por eso abro mi corazón y dejo entrar a tu silencio, porque el amor, este amor nuestro, no necesita de las palabras.

Pilar

sábado, 4 de octubre de 2008

JARDÍN DE OTOÑO por Mariángeles Cantalapiedra

¿Qué es materia sino la viva certeza de la nada?
Ensamble de espacios en ocres sonoros donde la vida muere y nace la belleza exánime en tus dedos de escultor. El fruto del castaño, la hoja del acre, el hongo hendido en el musgo bajo una luz envuelta en la niebla que difumina mis sentidos...
Y tú, caminando bajo el espacio otoñal. El crujir de las láminas hasta hacerse polvo en tus pies de hayedo...
Y yo, fabricando otoños en mis días de dulce ceniza.
Sí, ayer vi tu arco iris al que negaba su existencia: cobres, pardos, adamascados, naranjas, sangrantes pétalos cayendo sobre tu sombra marchita. Obertura en el silencio angosto de nuestras nostalgias, soledad que trepa hasta arrancarme el aullido del animal que llevo dentro. Déjame, déjame que me pierda y caiga reventado sobre la naturaleza que habla mientras el hombre no escucha...
Mañana será invierno.

MªÁngeles Cantalapiedra

UNA GAMA DE COLORES Por Lola Bertrand

Sabía que en algún lugar del tiempo y el espacio había una gama decolores que nos uniría. Y llegó el otoño, con su matiz de arena, donde nuestras huellas se besaban mientras volábamos cometas.

¡Era tan tierno aquél ocre –amarillento que confundía los deseos denuestros pies!Soltamos el hilo conductor de nuestros sueños y las dejamos marchar:necesitaban ser libres, tan libres como el viento otoñal queconfiguraba nuestros cuerpos.

Y allí, frente a nosotros, estaba el otoño, ése que conocíamos tanbien, el que albergaba el silencio de los árboles.¿Recuerdas cómo nuestras manos se fundían, mientras, en un descensopausado, sus lágrimas marrones se disolvían en el suelo?

Nuestro ojos se miraron solamente una vez, y allí, entre la hojarasca, no pudieron esconder el arrebato intenso de pasiones que les contenía.

Las horas nos resbalaron por dentro colores diferentes, una gama distinta que nunca habíamos tocado.

Tu voz más ronca,
la mía más pausada;
tu piel más flácida,
la mía menos tersa;
tu boca más audaz,
la mía más temblorosa;
y tus manos tan calientes como las mías.

Yo soy otoño, gris, anaranjado, niebla, madura nuez que deja saboresdiferentes en tus labios,
y…tú también…

Lola Bertrand

miércoles, 1 de octubre de 2008

PENSAMIENTOS DE OTOÑO por Lola Bertrand


Os siento caer, suaves, con esa lentitud que asemeja el preludio de un suspiro. Frágiles, cual mariposas carentes del tentador colorido de las alas.Y me duele esa transformación lenta, de verde a ocre, cuando el pedúnculo aún asido a la rama mantiene la esperanza de la sabia.(Y me duele tanto, que lloro, lloro por mí, que, como vosotras, acartono mi piel en un rincón minúsculo del paisaje.) Observo la elegancia del trazo que vuestro cuerpo va dejando en el aire. Ruta desconocida hacia la muerte. Siento ese abrazo apretado que la tierra os ofrece. Esa mutación que os aguarda, en un inexplorado mundo donde seréis un todo con la transformación de la materia.(Vuelvo a mí, me siento hermanada con el futuro de las hojas.¡Es tan bella la humedad de sus verdes cuando están pletóricos!,parece que la vida jamás dejará de transitar por sus arterias, pero…). Casi puedo sentir ese primer contacto con el suelo, el pensamiento transitorio de que podrán volver a volar eternamente…(No podrán volar, ni ellas ni yo podremos; una vez que las garras dela decadencia atrapan su presa, ya no la sueltan, nunca…)Es el círculo que se completa: queramos o no somos líneas, diferentes contornos trazados en un pergamino llamado vida.(Abrazaremos la tierra, es nuestro lecho de amor, desde siempre,desde antes…)


Lola Bertrand

OTOÑO por Jósé Álvarez Arnal (Atho)

En el seno de un aire turbio nos acosa la indiferencia. Tras la puerta esmerilada del pensamiento se adivinan señales de añoranza de un tiempo pasado más feliz. Triunfantes en huídas que creemos necesarias, forjamos imágenes de un futuro extraño. En el grito de los tiempos, extraviada la virtud de dar cariño sin esperar nada a cambio, no sabemos sobrevivir al amor verdadero, y perplejos, nadamos apaciblemente en la estupidez.
En este otoño, pergamino amarillo, alguien habrá pasado con su amor, una noche única y sutil, sagrada como la luna. Esa luna, Vieja Luna, que ayer seguramente ignoró que lo de ellos era sincero.


ATHO

miércoles, 4 de junio de 2008

LA ESCRIBIDORA por Lola Bertrand


Lleva largos minutos mirando la pantalla en blanco y piensa.-Ahora ya no se estila el papel en blanco y el bolígrafo, ni lamáquina de escribir, ni la libreta. Estamos en el siglo XXI, ahora el pensamiento se enfrenta a una pantalla en blanco, a una caja quecontiene todos nuestros afanes, secretos, sentimientos y recuerdos. Le da algo de miedo pesar que un simple "virus informático" le puede asesinar ¡tantas cosas! y puede convertirse en un agujero negro quelo fagocita todo: las largas horas de locura, amor, soledad y rabia.Los incontables minutos cabalgando en alas del deseo y la imaginación.La "escribidora" observa pensativa la pantalla, y su mente se desboca…-¿Qué araña maligna tejió los hilos que ahora le conectan al mundo?¿Qué veneno emponzoñó su mente?Alguien hechizó su vida, en especial, sus noches, hasta hacerlasentir: brazos que no abrazan, voces que mienten, ojos que no ven, ybocas que jamás tendrán sabor.Lleva, la "escribidora", muchos minutos más escuchando la música quele regala "este nuevo juguete de plástico y cristal", que es capazde almacenar miles y miles de canciones de "antes, mañana y siempre". Montones de boleros, mejicanadas, tangos, clásicos, nueva era, étnica.Realmente la música es de las pocas cosas que le acompañan y le inspiran.¡Hay tantos matices, tantas palabras y notas compartidas!Ahora, el cantor desgrana estas palabras:"Ausencia quiere decir olvido"o…Una guitarra puntea secretos íntimos diciendo:"no dejes que yo me vaya…"La "escribidora" sabe perfectamente los sentimientos que leproducen, estas notas, estas palabras, pero…, se pregunta:- ¿Alguien más es capaz de comprender, de sentir, lo que yosiento?- NO.- ¿No?- NoY entonces se desnuda, y escribe cosas que, en el fondo, todos creencomprender, pero nadie comprende…Y llora, no sabe por qué, pero llora metafóricos sueños, los alinea, los reestructura, y, con un desalmado "Word", moldea sus sentimientos como si fueran versos.Parece tan fácil hacer "clic", tan fácil, tan deshumanizadamente fácil.
Lola Bertrand

domingo, 25 de mayo de 2008

ME ACUSO por Rosa María Arroyo


Me acuso de violar la inocencia de las pequeñas cosas,
de traerlas a mi mente y a mi mano
y desnudarlas, poco a poco, con la palabra.

Me acuso de atrapar el suspiro,
de cortar su aire con los ojos,
de hacerlo silbido en mis dedos…
y de poco a poco…también desnudarlo.

Me acuso de tocar la rosa
y hacer de mi sangre un color nuevo,
de horadar el papel con sus pensamiento
y de desnudarla, a todas horas, con la palabra.

Me acuso, además, de no querer ser yo a veces
pero seguir quebrando lo callado,
de respirar lo irrespirable,

de poner la mano en mi frente inquieta
y participar en la eterna bacanal nocturna,
desnudándolo Todo…,
¡Todo!, todo con la palabra.

Me acuso, sí, me acuso,
de hablar sin boca y besar sin labios,
de acariciar sin tacto y oler sin olfato;
de desnudar el alma con ella, siempre con ella,

pensando que nada dejo en cueros
que todo forma parte del juego del verso
creyendo que así consigo esconderme
tras esa imagen que sin permiso descubro.

Hoy me acuso, sí, me acuso de todo eso y más,
y me condeno a vivir el infierno de las pequeñas cosas
y de su inocencia violada; confesando mi culpa,

desnudándome en lento castigo,
poco a poco, con la palabra.

Rosa M. Arroyo

PALABRAS RASANTES por Mariángeles Cantalapiedra


Mis dedos están mudos; mi corazón yace…, no sé en dónde.
He dejado de mirar a la nube; sólo veo agua, no hay puerto para sujetar mis palabras.
No escribo, las letras se me retuercen repitiendo siempre lo mismo.
La pantalla está virgen o sucia, depende cómo se mire, y la papela es su estación más próxima.
La imaginación se evaporó y los duendes se fueron de vacaciones. Sin ir más lejos, ayer recibí una postal suya. Parece que les va bien y me invitan a que yo haga lo mismo.
No lejos, oigo música, pero mis influjos no se sienten bailarines, ni siquiera de historias mal contadas, y el cielo está a tope de poetas lamiendo sus versos; no hay lugar para mí.
Apago la luz, me siento cómoda en la oscuridad; al menos palpo mis sombras.
Espero…
Quizá, un día vuelvan los engarces a mis manos y mis yemas vuelvan a teclear lo que dicte este corazón ausente.

MªÁngeles Cantalapiedra

VALENTINA por Lola Bertrand

Hace días que mi niña- Valentina- está muy extraña: se encierra durante horas en su habitación y no me permite entrar…Yo, mientras duerme por las noches reviso todo su cuarto para descubrir el misterio: ¡solamente tiene tres años y medio ¡Ayer la descubrí robándole folios y un lápiz a su padre. Abrí muy despacio la puerta de su habitación para espiarla, lo que descubrí me dejó helada…Por la noche, en uno de los cajones de su armario, encontré todos los papeles garabateados, con letras inseguras, palotes y borrones ponía:Mamá, te quiero.


Lola Bertrand

"Temor escondido" por Pilar Moreno Wallace


Me cerca un tiempo en el que no cuajan las palabras, y sólo irrumpen muecas de obsesionados vacíos. Sombras y abandonos sofocan mi voz en el silencio del blanco, y me duelo de perezas disfrazadas de olvido en plenitud: es el principio de la derrota, el límite enigmático entre la fertilidad y la carencia. El fin de mi infinito.Me asomo desde mis letras al campo de la memoria: una cosecha pobre de palabras y un exceso de soledades me conmueven. Me tiene inquieta esta desidia, esta falta de duende. No sé cómo acudir al reclamo de mi impaciencia, ávida de engendrar imágenes, de vestirlas de sugerencias, balanceándolas en una cadencia fructífera y vital. Ahora es otro el sentimiento que escribe mi destino en un lenguaje yermo y de abandono, y es el grito por esa pérdida de la palabra no nacida,lo único que aún mantiene el eco en indecisos rasgos sobre el papel.


PIlar Moreno Wallace

"Serial Killer" por Alix Rosales Fazio


¡No quiero ser tinta sobre papel ni alimento para el olvido!...Los críticos aconsejan que un "buen escritor" debe poseer talento al plasmar el tema, no importa su naturaleza, sino el tratamiento que se le da, el instante narrado. Que tenga esa posibilidad de reflejar algo más allá de si mismo, que salte de la hoja y se apropie del lector. Desde entonces, salgo todas las noches con mis obras en mano, atrapo lectores desprevenidos en calles oscuras, entre candilejas, bajo amenaza: "Soy Jack el escritor".


Alix

miércoles, 21 de mayo de 2008

AZUL por Mariángeles Cantalapiedra


Siempre me gustaron las películas que se desarrollaban en época navideña. Ah, y que todo estuviera nublado de nieve. Entonces comenzaba a soñar que esos personajes eran de verdad y que yo formaba parte de sus vidas. Reía, lloraba, me enamoraba…, siempre con ellos.

Y mi madre dijo de mí que el día que despertara de aquel mundo irreal iba a sufrir, sufrir mucho y de verdad. Pero ese mundo que se me decía que era el verdadero no me gustaba y como no me gustaba me fui alejando de la realidad. Tanto, que un buen día no reconocí mi vida y mi familia se vio abocada a encerrarme en un sanatorio de esos que llaman manicomio o psiquiátrico o clínica para enfermos mentales, qué más da.

Mamá, la más impaciente no pudo ir a verme; era demasiado fuerte para su corazón. Papá iba a veces, pocas, con una tarrina llena de tortitas hechas por la abuela. La verdad no sé para que iba. En vez de consolarme, lo consolaba yo. Él sabía que yo no estaba loca y se avergonzaba de no haberme defendido frente a mis detractores. Era incapaz de mirarme a los ojos y yo, entonces, me empezaba a apiadar de él, se me olvidaba el rencor por lo que me habían hecho. Le acariciaba, llorábamos juntos y volvía a sentirme dentro de una de mis películas favoritas. Cuando se iba, me tenían que volver a medicar con una de aquellas pastillas horribles que me hacían perder la noción del tiempo y dormía, dormía mucho y cuando mis ojos se despertaban, no sabía quién era yo ni siquiera en mi fantasía.

Total, le prohibieron que volviera a verme y en su lugar enviaron a mi hermana mayor. Sólo dos años nos distanciaban y parecía que fueran siglos los que separaban a mi mente desquiciada y su abominable regla de la buena vida. Para ella en la existencia de una persona sólo debía imperar una cosa: las buenas maneras… Pero nunca entendí ni lo quise hacer eso que ella me proponía porque me parecía hipócrita y egoísta. Me dejaba al final de sus visitas tan noqueada que también los médicos determinaron sus visitas como nocivas para mi salud mental.

Poco a poco dejé de tener visitas familiares y yo empecé a recobrar mi estabilidad emocional o, lo que es lo mismo: dejé de hablar de mis fantasías.
Me pasaba los días mirando por la ventana. Ésta daba al mar y aunque estuviera separada de un gran muro alto y blanco, mi ventana aún era más alta y veía ese inmenso océano azul que cambiaba según la estación o el color del cielo, pero siempre eran profundamente azul… Y comencé a mirar la vida con ojos de azul.
Las tardes de lluvia me gustaba acompañar al mar en su tristeza y, de paso, ponía orden y sosiego en la trastienda de mi alma. Así emprendí el largísimo camino del conocimiento sobre mí misma y a que enfermeras y médicos me declararan no peligrosa.

Eso no quiso decir que me dejaran suelta fuera de aquellos muros altos y blancos… A veces pensaba que no volvería a ver más tierra que la que había en aquella parcela hasta el muro. Por eso, cuando me invitaron a abandonar mi habitación y pasar a una planta más baja me negué, allí no volvería a ver el mar; caí presa de una crisis nerviosa…, y me volvieron a medicar con aquellas odiosas pastillas, pero cuando desperté, desde la cama vi el azul de mar; mi pequeña gran batalla la había ganado.

En una de las visitas de diván con mi psiquiatra pedí humildemente con un hilo de voz si podrían pintarme de celeste las paredes de mi habitación; accedió sin rechistar. La siguiente petición fue que dijeran a mi familia que me mandaran ropa del color añil, zarco, índigo, cobalto…, pero que ellos se abstuvieran de llevármela. Mejor que la mandaran por mensajero; no deseaba más inyecciones. Estaba en un punto de mi vida en que tenía control sobre mis sentimientos.
Así pasó el tiempo, no sé cuánto. En ese mundo de Babel no existían relojes ni calendarios, sólo yo y el azul del mar.

Pero nunca obtuve la libertad aunque sí ciertas licencias. Volví a ver películas de ambiente navideño y grandes amores. El mundo de las selvas amazónicas, tierras de inmensos pastos, el desierto… Todo lo vi a través de aquellas películas con licencia de mi psiquiatra.
Un buen día, me dio por hacer garabatos en un papel. Me había venido a visitar una gaviota; me estuvo cantando una bella melodía aunque muy triste. Me dio por imaginar que aquella ave estaba sola, perdida y decidí transcribir en una servilleta sus penas. A la mañana siguiente cuando bajé a desayunar en mi mesa encontré un bloc con una nota que decía "Para que sigas escribiendo sobre tu gaviota"
Apenas desayuné y me precipité escaleras arriba. Moví la mesilla de noche, justo al lado de la ventana y me puse a escribir rodeada de un cielo azul que pintaba al mar de cobalto; así nació mi primer cuento.
Cuando lo hube terminado, lo leí en alto. En una parada, alcé la vista del papel y en la poyata de la ventana estaba la gaviota; sus ojos me dieron las gracias. Lo sé.

Desde entonces han pasado muchas lunas. Así cuento el tiempo mientras los hilos de plata nacen sobre mi cabello.
Ya no me llamo Ana Isabel sino Azul. Soy escritora y vivo en un sanatorio para locos mientras la brisa del mar azul penetra hasta el fondo de mi alma.

MªÁngeles Cantalapiedra

viernes, 16 de mayo de 2008

FUEGO, PAZ Y MUERTE, por José Daniel Palma

En el lecho de su muerte, una pluma estilográfica y un cuaderno de notas amarillento. Nunca le tuvo aprensión a la muerte, sabía que su futuro o su destino era cuestión de una búsqueda más intensa por el mundo real. En el velatorio, ningún paisano, ningún familiar, ni siquiera aquellos que en algún tiempo le habían animado a seguir con esa excéntrica vocación, siempre caminando contra corriente, bajo apodos e insultos disfrazados de hipocresía.
El cuerpo presente, su pasado narrado en tercera persona y el transcurso de las horas previstas antes de la incineración, hacían más espeluznante el lienzo de su adiós. Y llegó el momento, la despedida final y ante la mirada atónita del personal funerario, últimos testigos contratados, se levantó con lágrimas serpenteando sus mejillas, recogió su pluma y su cuaderno, arrojándolo dentro de su propio ataúd que junto a todos sus libros y manuscritos prendieron de forma furiosa, llenando de luz la habitación y de angustia mi alma, escapé entre las letras ordenadas de su último micro.

José Daniel (2008)

jueves, 15 de mayo de 2008

¿POR QUÉ ESCRIBES MAMÁ? por Lola Bertrand

Mamáááá, ¿por qué escribes tanto?
-Porque soy escritora, Lalita.
-Y Moñoño ¿por qué no escribe también?
-Los perros no escriben, Lalita.
-¿Por quéééé?-Por las pezuñas, no les dejan apretar las teclas.
-Y los ángeles ¿escriben?
-No, tampoco.
-Mamááá ¿todas las mamás escriben?
-Todas no, Lalita, solamente algunas.
-Y qué hacen las otras ¿jugar y saltar como Moñoño?
-No, por Dios, son peluqueras, médicos, secretarias, maestras…mil cosas.
-Buuuuaaaa, mamááá, yo no quiero que seas escritora, quiero que seas…mil cosas.
-Por favor, Lalita no llores, ¿por qué estás tan disgustada? , mamá escribe libros que leen muchas personas. Anda sécate esos ojotos tan bellos.
-¿Los ángeles y Moñoño leen?
-No hija, ellos ni escriben, ni leen.
-Pues sabes qué te digo mamita que yo de mayor no voy a aprender a leer ni a escribir: ¡quiero ser siempre como Moñoño y como los ángeles…!

Lola Bertrand

martes, 13 de mayo de 2008

Murder, She Wrote (La reportera del crimen) por Alix Rosales Fazio



Y decidió escribir una "Oda a la cuchara" , mas no conseguía la llave perfecta que abriera su inspiración. Pensaba, escribía y despuès arrugaba la hoja.
Pasada la media noche él seguía con su afán, de crear un mundo que exaltase tan magnánimo sustantivo. Sofocado entre los innumerables epítetos encontraron sus despojos.
Era inexplicable lo ocurrido en aquella habitación, un cadáver y montones de hojas arrugadas, con versos incompletos dispersos en el suelo.
Después de innumerables hipótesis, Angela Lansbury, escribió sobre el móvil del asesinato: *"Dado que el adjetivo cuando no da vida, mata, el occiso fue victima de... una muerte intelectual"

******
¿Os recordàis de la serie de Angela Lansbury y su personaje: Jessica Fletcher?
*Intertextualidad: V. Huidobro: Poema Arte poética

Alix Rosales -Fazio, desde Catania

domingo, 11 de mayo de 2008

"Desventuras de alguien que quiere escribir" por José Álvarez Arnal (Atho)

¿Quién sabe escribir con palabras que entienda el bosque? Nadie. Y el bosque está triste. Quiero ser yo el escriba. Pero… dónde encontrar las palabras, sí, esas que el bosque lee.
Ideas tenga muchas, pero, dónde están esas palabras.
Cuando a la vida, reina del pinar, le pregunté, se apartó, se ocultó en la hojarasca. Sí, era otoño. Y los pájaros se ocultaron entre las ramas de los abetos. Y las últimas flores que adornaban el lindero que marca el camino sagrado, no contestó.
De repente, ahora, ya no quiero escribir. Ni un verso. Estas palabras no son su lenguaje.
El musgo que oculta las ruinas de un castillo abandonado, ríe verde brillante, y ocultando las piedras, se libra de su soledad, y tiene suficiente.
Doy vueltas. No me acostumbro. Me voy. No quiero estar con mis ideas. Iré al encuentro del lago que está solo. Tal vez él… sí, seguro, él sabrá de las palabras que entiende el bosque. Su maestra, la luna, la vieja luna. Ella escribe en silencio letras que reconoce el bosque, su amante.


ATHO

"Prosa Lenta" por Rosa María Arroyo



Comienzo y recomienzo. Y no avanzo.
Cuando llego a las letras fatales, la pluma retrocede: una prohibición implacable me cierra el paso. Ayer, investido de plenos poderes, escribía con fluidez sobre cualquier hoja disponible: un trozo de cielo, un muro…, un prado, otro cuerpo. Todo me servía: la escritura del viento, la de los pájaros, el agua, la piedra… Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿cara o cruz, águila o sol?”

Octavio Paz



PROSA LENTA
(Dedicada al paciente ser que soporta mis desvaríos)




Comienzo

El día se viste de nuevo sin yo prepararle la ropa. Lleva un traje gris de otoño antiguo, buscando presumir de claridad primaveral, pero no creo que vaya a triunfar entre los otros. Como un niño hacia la madurez, se ha alejado de mi regazo para ser él mismo, con sus torpes andares sobre empalizadas de acero y cemento, siempre con la vista puesta en el horizonte altivo, lejano, nebuloso y casi irreal, al que intenta llegar elegantemente vestido, sin darse cuenta de mi soledad.

Recomienzo

Llueve. Llueve por los cuatro costados de la vida, mojándose la moneda que lanzo al aire, deseando que el día la coja al vuelo para no tener que mirarla cuando caiga en mi mano…, pero él ya tiene otras inquietudes, muy alejadas de este rincón plagado de imágenes disecadas y fantasmas hambrientos. Se cansó de mí y de mi desértica libreta, por eso hoy se vistió por su cuenta sin que yo le preparara la ropa.

Las letras fatales

Paro de golpe el pensamiento, ¿qué estoy haciendo? Él se va y no hago nada para que me diga algo antes de alcanzar esa irrealidad presente que yo sé real. Esta mañana, me puso la pluma entre los dedos mientras, distraído, se miraba en el espejo encharcado que se ve desde nuestra ventana, y después, satisfecho de encontrarse gustoso, me señaló el valiente gorrión que se atrevía a soltar su cháchara solitaria, dejándose ver aleteando sobre la rama chorreante de un árbol. Y no dijo nada, sólo me miró profundamente sin mover el dedo insinuador…
Todavía llueve.


La hoja disponible

Qué largas se deslizan las horas tratando de encontrar el pliego predispuesto: la nube, el ala, los ojos, la piel…, el tronco generoso al que aferrarme con la pluma que me dejó esta mañana el día en la mano. Esta luz cenicienta que se posa levemente sobre mi mesa, parece su dedo señalando mi propio horizonte, pero no sé, sólo pienso que fue él quien insistió en vestirse solo, sin yo prepararle la ropa, y que en medio de esta soledad, no encuentro la cuartilla donde iniciar la batalla.

¿cara o cruz, águila o sol?

La palabra

Un gorrión, -tal vez, el mismo que me señaló el día-, vuela de aquí para allá con el mismo esplendor y veteranía que el majestuoso rey del aire sobrevuela su terreno; y en el horizonte, que esta mañana parecía lejano, distante, irreal, mi compañero se entrega rodeado de un aura nueva, con la misma ropa que se vistió esta mañana y yo no preparé, un tanto presumido y muy feliz.
Al fin, cae sobre mi mano la moneda, pero ya no quiero mirar: una palabra me ha retado a ser pronunciada sobre papel.


Rosa M. Arroyo
Madrid, a 10 de mayo de 2008

sábado, 10 de mayo de 2008

"La cuñada de Alberto" por Lola Bertrand


"Antes de salir a desayunar, Alberto, fue revisando todas las habitaciones del apartamento. Era un maniático y ese recorrido le tranquilizaba. Nada más abrir la puerta del baño se encontró con unos pies ensangrentados…"Rinnngggg, rinnngggg, el timbre de la puerta era tan insistente que Paca no tuvo más remedio que levantarse y dejar el teclado donde estaba escribiendo.


-¿Quién llama…?


- Somos de la Compañía de Aguas, señora, en media hora le cortaremos el suministro durante unas seis horas.-Bien, muchas gracias - bufó Paca. Aquella mañana se las prometía muy felices , había soñado o inventado, que para el caso era lo mismo, con una fantástica historia de detectives - la tenía toda en su cabeza- y pretendía escribirla . Ahora tenía que coger algo de agua , por eso puso un cubo en el fregadero de la cocina y abrió el grifo en toda su potencia.-Mientras se llena seguiré con lo mío – pensó."…empujó un poco más y se dio de bruces con los ojos abiertos como platos de su cuñada Verónica. ¡Estaba muerta, seguro! Lo más extraño de todo era ¿porqué en su casa?...."-Hay señor, señor, ¿pero, de donde sale tanta agua? ¡El grifo! ¡Me olvidé!Durante la siguiente media hora Paca estuvo recogiendo agua del suelo tratando de retener en su cabeza todos los datos del fantástico relato de detectives…

Cuando terminó estaba cansada y se tomó un par de vinitos de rioja para entonarse, además tenía que salir a la compra ( Paca era una estupenda escritora- enfermera-sicóloga- cocinera- amante y ama de casa) Garabateó en un papel algunas notas para no perder los datos básicos de la historia y marchó a toda prisa rumbo al supermercado.Por el camino iba repasando mentalmente las referencias: la cuñada, la sangre, el baño, el porqué de toda aquella trama…

Tan distraída estaba o embebida en la historia, nunca se sabe, que todos los productos que metió en su cesta era para limpieza de bañoo… rojos sangre: Kétchup, yogures de fresa, salsa de tomate, vinotinto, hasta remolachas en vinagre.Al llegar a casa soltó las bolsas de la compra con urgencia y volcó en una cacerola el contenido de un par de latas de garbanzos a la andaluza. Los dejó al fuego y se sentó - contenta –frente al teclado."Tenía que avisar a la policía, pero… ¿qué iba a decirles?, le interrogarían, no le creerían y… además podían descubrir…"Qué olor tan nauseabundo, pero bueno, quééééé… ¡Los garbanzos! Lo que había en la cacerola ya no era nada, bueno algo negro yconsumido. Paca sintió en esos momentos que deseaba asesinar de verdad a la cuñada de Alberto, ella sí que estaba tranquila tan muerta y ensangrentada, pero a Paca el mundo se le venía encima, en media hora aparecerían – hambrientos - su marido y su hija y notenía ni la menor idea de que ponerles para comer.


Miró en la nevera, en las bolsas de la compra: ¡algo habría para sacarla del apuro!"Alberto se arrodilló para tomar el pulso de su cuñada y horrorizado vio que sus manos se habían llenado con sangre de la muerta. ¡Se había cortado las venas ¡ Hizo un gesto de asco e instintivamente se limpió las manos en la camisa blanca que llevaba puesta…"


-Cariño, ya estoy en casa ¿Qué haces? ¿Qué hay para comer?-Hoy tenemos un plato nuevo, cielo, se llama "La cuñada de Alberto"-Qué original eres Paca, por eso me gustas tanto ¿En qué consiste?-Son remolachas envueltas en Jamón de York y rociadas con Kétchup, te van a encantar, mi vida- dijo Paca mirando nostálgica hacia el teclado.


Al fin y al cabo – pensó - a lo mejor soñé con un plato de cocina y no con un relato…



Lola Bertrand

"El cazador cazado" por Emma Rosa Rodríguez


Era tan vanidoso que escribía sin cesar sobre sí mismo hasta que los folios, aburridos de observar las mismas historias siempre, se escaparon por la ventana en busca de libertad.

El hombre corrió a su casa y, para evitar que se le volvieran a rebelar, se fue comiendo uno a uno cada papel que encontraba. Cuando se puso enfermo, el diagnóstico del médico fue que tenía una indigestión de egolatritis debida a que le era imposible digerir sus propias palabras porque, éstas, le estaban devorando por dentro.


Emma Rosa

jueves, 8 de mayo de 2008

¿Estás? por Luci Garcés


Luci nos regala este poema sobre el deseo de escribir

¿ESTÁS?

Recuerdo el ayer,

hoy,como si fuera el instante

justo, exacto, que la memoria

recoge, almacena e idealiza.

¿Estás?¿Estás para mí?

¿Estás para mi, ahora?

Te deseo

Luci Garcés