domingo, 25 de mayo de 2008

ME ACUSO por Rosa María Arroyo


Me acuso de violar la inocencia de las pequeñas cosas,
de traerlas a mi mente y a mi mano
y desnudarlas, poco a poco, con la palabra.

Me acuso de atrapar el suspiro,
de cortar su aire con los ojos,
de hacerlo silbido en mis dedos…
y de poco a poco…también desnudarlo.

Me acuso de tocar la rosa
y hacer de mi sangre un color nuevo,
de horadar el papel con sus pensamiento
y de desnudarla, a todas horas, con la palabra.

Me acuso, además, de no querer ser yo a veces
pero seguir quebrando lo callado,
de respirar lo irrespirable,

de poner la mano en mi frente inquieta
y participar en la eterna bacanal nocturna,
desnudándolo Todo…,
¡Todo!, todo con la palabra.

Me acuso, sí, me acuso,
de hablar sin boca y besar sin labios,
de acariciar sin tacto y oler sin olfato;
de desnudar el alma con ella, siempre con ella,

pensando que nada dejo en cueros
que todo forma parte del juego del verso
creyendo que así consigo esconderme
tras esa imagen que sin permiso descubro.

Hoy me acuso, sí, me acuso de todo eso y más,
y me condeno a vivir el infierno de las pequeñas cosas
y de su inocencia violada; confesando mi culpa,

desnudándome en lento castigo,
poco a poco, con la palabra.

Rosa M. Arroyo

PALABRAS RASANTES por Mariángeles Cantalapiedra


Mis dedos están mudos; mi corazón yace…, no sé en dónde.
He dejado de mirar a la nube; sólo veo agua, no hay puerto para sujetar mis palabras.
No escribo, las letras se me retuercen repitiendo siempre lo mismo.
La pantalla está virgen o sucia, depende cómo se mire, y la papela es su estación más próxima.
La imaginación se evaporó y los duendes se fueron de vacaciones. Sin ir más lejos, ayer recibí una postal suya. Parece que les va bien y me invitan a que yo haga lo mismo.
No lejos, oigo música, pero mis influjos no se sienten bailarines, ni siquiera de historias mal contadas, y el cielo está a tope de poetas lamiendo sus versos; no hay lugar para mí.
Apago la luz, me siento cómoda en la oscuridad; al menos palpo mis sombras.
Espero…
Quizá, un día vuelvan los engarces a mis manos y mis yemas vuelvan a teclear lo que dicte este corazón ausente.

MªÁngeles Cantalapiedra

VALENTINA por Lola Bertrand

Hace días que mi niña- Valentina- está muy extraña: se encierra durante horas en su habitación y no me permite entrar…Yo, mientras duerme por las noches reviso todo su cuarto para descubrir el misterio: ¡solamente tiene tres años y medio ¡Ayer la descubrí robándole folios y un lápiz a su padre. Abrí muy despacio la puerta de su habitación para espiarla, lo que descubrí me dejó helada…Por la noche, en uno de los cajones de su armario, encontré todos los papeles garabateados, con letras inseguras, palotes y borrones ponía:Mamá, te quiero.


Lola Bertrand

"Temor escondido" por Pilar Moreno Wallace


Me cerca un tiempo en el que no cuajan las palabras, y sólo irrumpen muecas de obsesionados vacíos. Sombras y abandonos sofocan mi voz en el silencio del blanco, y me duelo de perezas disfrazadas de olvido en plenitud: es el principio de la derrota, el límite enigmático entre la fertilidad y la carencia. El fin de mi infinito.Me asomo desde mis letras al campo de la memoria: una cosecha pobre de palabras y un exceso de soledades me conmueven. Me tiene inquieta esta desidia, esta falta de duende. No sé cómo acudir al reclamo de mi impaciencia, ávida de engendrar imágenes, de vestirlas de sugerencias, balanceándolas en una cadencia fructífera y vital. Ahora es otro el sentimiento que escribe mi destino en un lenguaje yermo y de abandono, y es el grito por esa pérdida de la palabra no nacida,lo único que aún mantiene el eco en indecisos rasgos sobre el papel.


PIlar Moreno Wallace

"Serial Killer" por Alix Rosales Fazio


¡No quiero ser tinta sobre papel ni alimento para el olvido!...Los críticos aconsejan que un "buen escritor" debe poseer talento al plasmar el tema, no importa su naturaleza, sino el tratamiento que se le da, el instante narrado. Que tenga esa posibilidad de reflejar algo más allá de si mismo, que salte de la hoja y se apropie del lector. Desde entonces, salgo todas las noches con mis obras en mano, atrapo lectores desprevenidos en calles oscuras, entre candilejas, bajo amenaza: "Soy Jack el escritor".


Alix

miércoles, 21 de mayo de 2008

AZUL por Mariángeles Cantalapiedra


Siempre me gustaron las películas que se desarrollaban en época navideña. Ah, y que todo estuviera nublado de nieve. Entonces comenzaba a soñar que esos personajes eran de verdad y que yo formaba parte de sus vidas. Reía, lloraba, me enamoraba…, siempre con ellos.

Y mi madre dijo de mí que el día que despertara de aquel mundo irreal iba a sufrir, sufrir mucho y de verdad. Pero ese mundo que se me decía que era el verdadero no me gustaba y como no me gustaba me fui alejando de la realidad. Tanto, que un buen día no reconocí mi vida y mi familia se vio abocada a encerrarme en un sanatorio de esos que llaman manicomio o psiquiátrico o clínica para enfermos mentales, qué más da.

Mamá, la más impaciente no pudo ir a verme; era demasiado fuerte para su corazón. Papá iba a veces, pocas, con una tarrina llena de tortitas hechas por la abuela. La verdad no sé para que iba. En vez de consolarme, lo consolaba yo. Él sabía que yo no estaba loca y se avergonzaba de no haberme defendido frente a mis detractores. Era incapaz de mirarme a los ojos y yo, entonces, me empezaba a apiadar de él, se me olvidaba el rencor por lo que me habían hecho. Le acariciaba, llorábamos juntos y volvía a sentirme dentro de una de mis películas favoritas. Cuando se iba, me tenían que volver a medicar con una de aquellas pastillas horribles que me hacían perder la noción del tiempo y dormía, dormía mucho y cuando mis ojos se despertaban, no sabía quién era yo ni siquiera en mi fantasía.

Total, le prohibieron que volviera a verme y en su lugar enviaron a mi hermana mayor. Sólo dos años nos distanciaban y parecía que fueran siglos los que separaban a mi mente desquiciada y su abominable regla de la buena vida. Para ella en la existencia de una persona sólo debía imperar una cosa: las buenas maneras… Pero nunca entendí ni lo quise hacer eso que ella me proponía porque me parecía hipócrita y egoísta. Me dejaba al final de sus visitas tan noqueada que también los médicos determinaron sus visitas como nocivas para mi salud mental.

Poco a poco dejé de tener visitas familiares y yo empecé a recobrar mi estabilidad emocional o, lo que es lo mismo: dejé de hablar de mis fantasías.
Me pasaba los días mirando por la ventana. Ésta daba al mar y aunque estuviera separada de un gran muro alto y blanco, mi ventana aún era más alta y veía ese inmenso océano azul que cambiaba según la estación o el color del cielo, pero siempre eran profundamente azul… Y comencé a mirar la vida con ojos de azul.
Las tardes de lluvia me gustaba acompañar al mar en su tristeza y, de paso, ponía orden y sosiego en la trastienda de mi alma. Así emprendí el largísimo camino del conocimiento sobre mí misma y a que enfermeras y médicos me declararan no peligrosa.

Eso no quiso decir que me dejaran suelta fuera de aquellos muros altos y blancos… A veces pensaba que no volvería a ver más tierra que la que había en aquella parcela hasta el muro. Por eso, cuando me invitaron a abandonar mi habitación y pasar a una planta más baja me negué, allí no volvería a ver el mar; caí presa de una crisis nerviosa…, y me volvieron a medicar con aquellas odiosas pastillas, pero cuando desperté, desde la cama vi el azul de mar; mi pequeña gran batalla la había ganado.

En una de las visitas de diván con mi psiquiatra pedí humildemente con un hilo de voz si podrían pintarme de celeste las paredes de mi habitación; accedió sin rechistar. La siguiente petición fue que dijeran a mi familia que me mandaran ropa del color añil, zarco, índigo, cobalto…, pero que ellos se abstuvieran de llevármela. Mejor que la mandaran por mensajero; no deseaba más inyecciones. Estaba en un punto de mi vida en que tenía control sobre mis sentimientos.
Así pasó el tiempo, no sé cuánto. En ese mundo de Babel no existían relojes ni calendarios, sólo yo y el azul del mar.

Pero nunca obtuve la libertad aunque sí ciertas licencias. Volví a ver películas de ambiente navideño y grandes amores. El mundo de las selvas amazónicas, tierras de inmensos pastos, el desierto… Todo lo vi a través de aquellas películas con licencia de mi psiquiatra.
Un buen día, me dio por hacer garabatos en un papel. Me había venido a visitar una gaviota; me estuvo cantando una bella melodía aunque muy triste. Me dio por imaginar que aquella ave estaba sola, perdida y decidí transcribir en una servilleta sus penas. A la mañana siguiente cuando bajé a desayunar en mi mesa encontré un bloc con una nota que decía "Para que sigas escribiendo sobre tu gaviota"
Apenas desayuné y me precipité escaleras arriba. Moví la mesilla de noche, justo al lado de la ventana y me puse a escribir rodeada de un cielo azul que pintaba al mar de cobalto; así nació mi primer cuento.
Cuando lo hube terminado, lo leí en alto. En una parada, alcé la vista del papel y en la poyata de la ventana estaba la gaviota; sus ojos me dieron las gracias. Lo sé.

Desde entonces han pasado muchas lunas. Así cuento el tiempo mientras los hilos de plata nacen sobre mi cabello.
Ya no me llamo Ana Isabel sino Azul. Soy escritora y vivo en un sanatorio para locos mientras la brisa del mar azul penetra hasta el fondo de mi alma.

MªÁngeles Cantalapiedra

viernes, 16 de mayo de 2008

FUEGO, PAZ Y MUERTE, por José Daniel Palma

En el lecho de su muerte, una pluma estilográfica y un cuaderno de notas amarillento. Nunca le tuvo aprensión a la muerte, sabía que su futuro o su destino era cuestión de una búsqueda más intensa por el mundo real. En el velatorio, ningún paisano, ningún familiar, ni siquiera aquellos que en algún tiempo le habían animado a seguir con esa excéntrica vocación, siempre caminando contra corriente, bajo apodos e insultos disfrazados de hipocresía.
El cuerpo presente, su pasado narrado en tercera persona y el transcurso de las horas previstas antes de la incineración, hacían más espeluznante el lienzo de su adiós. Y llegó el momento, la despedida final y ante la mirada atónita del personal funerario, últimos testigos contratados, se levantó con lágrimas serpenteando sus mejillas, recogió su pluma y su cuaderno, arrojándolo dentro de su propio ataúd que junto a todos sus libros y manuscritos prendieron de forma furiosa, llenando de luz la habitación y de angustia mi alma, escapé entre las letras ordenadas de su último micro.

José Daniel (2008)

jueves, 15 de mayo de 2008

¿POR QUÉ ESCRIBES MAMÁ? por Lola Bertrand

Mamáááá, ¿por qué escribes tanto?
-Porque soy escritora, Lalita.
-Y Moñoño ¿por qué no escribe también?
-Los perros no escriben, Lalita.
-¿Por quéééé?-Por las pezuñas, no les dejan apretar las teclas.
-Y los ángeles ¿escriben?
-No, tampoco.
-Mamááá ¿todas las mamás escriben?
-Todas no, Lalita, solamente algunas.
-Y qué hacen las otras ¿jugar y saltar como Moñoño?
-No, por Dios, son peluqueras, médicos, secretarias, maestras…mil cosas.
-Buuuuaaaa, mamááá, yo no quiero que seas escritora, quiero que seas…mil cosas.
-Por favor, Lalita no llores, ¿por qué estás tan disgustada? , mamá escribe libros que leen muchas personas. Anda sécate esos ojotos tan bellos.
-¿Los ángeles y Moñoño leen?
-No hija, ellos ni escriben, ni leen.
-Pues sabes qué te digo mamita que yo de mayor no voy a aprender a leer ni a escribir: ¡quiero ser siempre como Moñoño y como los ángeles…!

Lola Bertrand

martes, 13 de mayo de 2008

Murder, She Wrote (La reportera del crimen) por Alix Rosales Fazio



Y decidió escribir una "Oda a la cuchara" , mas no conseguía la llave perfecta que abriera su inspiración. Pensaba, escribía y despuès arrugaba la hoja.
Pasada la media noche él seguía con su afán, de crear un mundo que exaltase tan magnánimo sustantivo. Sofocado entre los innumerables epítetos encontraron sus despojos.
Era inexplicable lo ocurrido en aquella habitación, un cadáver y montones de hojas arrugadas, con versos incompletos dispersos en el suelo.
Después de innumerables hipótesis, Angela Lansbury, escribió sobre el móvil del asesinato: *"Dado que el adjetivo cuando no da vida, mata, el occiso fue victima de... una muerte intelectual"

******
¿Os recordàis de la serie de Angela Lansbury y su personaje: Jessica Fletcher?
*Intertextualidad: V. Huidobro: Poema Arte poética

Alix Rosales -Fazio, desde Catania

domingo, 11 de mayo de 2008

"Desventuras de alguien que quiere escribir" por José Álvarez Arnal (Atho)

¿Quién sabe escribir con palabras que entienda el bosque? Nadie. Y el bosque está triste. Quiero ser yo el escriba. Pero… dónde encontrar las palabras, sí, esas que el bosque lee.
Ideas tenga muchas, pero, dónde están esas palabras.
Cuando a la vida, reina del pinar, le pregunté, se apartó, se ocultó en la hojarasca. Sí, era otoño. Y los pájaros se ocultaron entre las ramas de los abetos. Y las últimas flores que adornaban el lindero que marca el camino sagrado, no contestó.
De repente, ahora, ya no quiero escribir. Ni un verso. Estas palabras no son su lenguaje.
El musgo que oculta las ruinas de un castillo abandonado, ríe verde brillante, y ocultando las piedras, se libra de su soledad, y tiene suficiente.
Doy vueltas. No me acostumbro. Me voy. No quiero estar con mis ideas. Iré al encuentro del lago que está solo. Tal vez él… sí, seguro, él sabrá de las palabras que entiende el bosque. Su maestra, la luna, la vieja luna. Ella escribe en silencio letras que reconoce el bosque, su amante.


ATHO

"Prosa Lenta" por Rosa María Arroyo



Comienzo y recomienzo. Y no avanzo.
Cuando llego a las letras fatales, la pluma retrocede: una prohibición implacable me cierra el paso. Ayer, investido de plenos poderes, escribía con fluidez sobre cualquier hoja disponible: un trozo de cielo, un muro…, un prado, otro cuerpo. Todo me servía: la escritura del viento, la de los pájaros, el agua, la piedra… Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿cara o cruz, águila o sol?”

Octavio Paz



PROSA LENTA
(Dedicada al paciente ser que soporta mis desvaríos)




Comienzo

El día se viste de nuevo sin yo prepararle la ropa. Lleva un traje gris de otoño antiguo, buscando presumir de claridad primaveral, pero no creo que vaya a triunfar entre los otros. Como un niño hacia la madurez, se ha alejado de mi regazo para ser él mismo, con sus torpes andares sobre empalizadas de acero y cemento, siempre con la vista puesta en el horizonte altivo, lejano, nebuloso y casi irreal, al que intenta llegar elegantemente vestido, sin darse cuenta de mi soledad.

Recomienzo

Llueve. Llueve por los cuatro costados de la vida, mojándose la moneda que lanzo al aire, deseando que el día la coja al vuelo para no tener que mirarla cuando caiga en mi mano…, pero él ya tiene otras inquietudes, muy alejadas de este rincón plagado de imágenes disecadas y fantasmas hambrientos. Se cansó de mí y de mi desértica libreta, por eso hoy se vistió por su cuenta sin que yo le preparara la ropa.

Las letras fatales

Paro de golpe el pensamiento, ¿qué estoy haciendo? Él se va y no hago nada para que me diga algo antes de alcanzar esa irrealidad presente que yo sé real. Esta mañana, me puso la pluma entre los dedos mientras, distraído, se miraba en el espejo encharcado que se ve desde nuestra ventana, y después, satisfecho de encontrarse gustoso, me señaló el valiente gorrión que se atrevía a soltar su cháchara solitaria, dejándose ver aleteando sobre la rama chorreante de un árbol. Y no dijo nada, sólo me miró profundamente sin mover el dedo insinuador…
Todavía llueve.


La hoja disponible

Qué largas se deslizan las horas tratando de encontrar el pliego predispuesto: la nube, el ala, los ojos, la piel…, el tronco generoso al que aferrarme con la pluma que me dejó esta mañana el día en la mano. Esta luz cenicienta que se posa levemente sobre mi mesa, parece su dedo señalando mi propio horizonte, pero no sé, sólo pienso que fue él quien insistió en vestirse solo, sin yo prepararle la ropa, y que en medio de esta soledad, no encuentro la cuartilla donde iniciar la batalla.

¿cara o cruz, águila o sol?

La palabra

Un gorrión, -tal vez, el mismo que me señaló el día-, vuela de aquí para allá con el mismo esplendor y veteranía que el majestuoso rey del aire sobrevuela su terreno; y en el horizonte, que esta mañana parecía lejano, distante, irreal, mi compañero se entrega rodeado de un aura nueva, con la misma ropa que se vistió esta mañana y yo no preparé, un tanto presumido y muy feliz.
Al fin, cae sobre mi mano la moneda, pero ya no quiero mirar: una palabra me ha retado a ser pronunciada sobre papel.


Rosa M. Arroyo
Madrid, a 10 de mayo de 2008

sábado, 10 de mayo de 2008

"La cuñada de Alberto" por Lola Bertrand


"Antes de salir a desayunar, Alberto, fue revisando todas las habitaciones del apartamento. Era un maniático y ese recorrido le tranquilizaba. Nada más abrir la puerta del baño se encontró con unos pies ensangrentados…"Rinnngggg, rinnngggg, el timbre de la puerta era tan insistente que Paca no tuvo más remedio que levantarse y dejar el teclado donde estaba escribiendo.


-¿Quién llama…?


- Somos de la Compañía de Aguas, señora, en media hora le cortaremos el suministro durante unas seis horas.-Bien, muchas gracias - bufó Paca. Aquella mañana se las prometía muy felices , había soñado o inventado, que para el caso era lo mismo, con una fantástica historia de detectives - la tenía toda en su cabeza- y pretendía escribirla . Ahora tenía que coger algo de agua , por eso puso un cubo en el fregadero de la cocina y abrió el grifo en toda su potencia.-Mientras se llena seguiré con lo mío – pensó."…empujó un poco más y se dio de bruces con los ojos abiertos como platos de su cuñada Verónica. ¡Estaba muerta, seguro! Lo más extraño de todo era ¿porqué en su casa?...."-Hay señor, señor, ¿pero, de donde sale tanta agua? ¡El grifo! ¡Me olvidé!Durante la siguiente media hora Paca estuvo recogiendo agua del suelo tratando de retener en su cabeza todos los datos del fantástico relato de detectives…

Cuando terminó estaba cansada y se tomó un par de vinitos de rioja para entonarse, además tenía que salir a la compra ( Paca era una estupenda escritora- enfermera-sicóloga- cocinera- amante y ama de casa) Garabateó en un papel algunas notas para no perder los datos básicos de la historia y marchó a toda prisa rumbo al supermercado.Por el camino iba repasando mentalmente las referencias: la cuñada, la sangre, el baño, el porqué de toda aquella trama…

Tan distraída estaba o embebida en la historia, nunca se sabe, que todos los productos que metió en su cesta era para limpieza de bañoo… rojos sangre: Kétchup, yogures de fresa, salsa de tomate, vinotinto, hasta remolachas en vinagre.Al llegar a casa soltó las bolsas de la compra con urgencia y volcó en una cacerola el contenido de un par de latas de garbanzos a la andaluza. Los dejó al fuego y se sentó - contenta –frente al teclado."Tenía que avisar a la policía, pero… ¿qué iba a decirles?, le interrogarían, no le creerían y… además podían descubrir…"Qué olor tan nauseabundo, pero bueno, quééééé… ¡Los garbanzos! Lo que había en la cacerola ya no era nada, bueno algo negro yconsumido. Paca sintió en esos momentos que deseaba asesinar de verdad a la cuñada de Alberto, ella sí que estaba tranquila tan muerta y ensangrentada, pero a Paca el mundo se le venía encima, en media hora aparecerían – hambrientos - su marido y su hija y notenía ni la menor idea de que ponerles para comer.


Miró en la nevera, en las bolsas de la compra: ¡algo habría para sacarla del apuro!"Alberto se arrodilló para tomar el pulso de su cuñada y horrorizado vio que sus manos se habían llenado con sangre de la muerta. ¡Se había cortado las venas ¡ Hizo un gesto de asco e instintivamente se limpió las manos en la camisa blanca que llevaba puesta…"


-Cariño, ya estoy en casa ¿Qué haces? ¿Qué hay para comer?-Hoy tenemos un plato nuevo, cielo, se llama "La cuñada de Alberto"-Qué original eres Paca, por eso me gustas tanto ¿En qué consiste?-Son remolachas envueltas en Jamón de York y rociadas con Kétchup, te van a encantar, mi vida- dijo Paca mirando nostálgica hacia el teclado.


Al fin y al cabo – pensó - a lo mejor soñé con un plato de cocina y no con un relato…



Lola Bertrand

"El cazador cazado" por Emma Rosa Rodríguez


Era tan vanidoso que escribía sin cesar sobre sí mismo hasta que los folios, aburridos de observar las mismas historias siempre, se escaparon por la ventana en busca de libertad.

El hombre corrió a su casa y, para evitar que se le volvieran a rebelar, se fue comiendo uno a uno cada papel que encontraba. Cuando se puso enfermo, el diagnóstico del médico fue que tenía una indigestión de egolatritis debida a que le era imposible digerir sus propias palabras porque, éstas, le estaban devorando por dentro.


Emma Rosa

jueves, 8 de mayo de 2008

¿Estás? por Luci Garcés


Luci nos regala este poema sobre el deseo de escribir

¿ESTÁS?

Recuerdo el ayer,

hoy,como si fuera el instante

justo, exacto, que la memoria

recoge, almacena e idealiza.

¿Estás?¿Estás para mí?

¿Estás para mi, ahora?

Te deseo

Luci Garcés