
Me acuso de violar la inocencia de las pequeñas cosas,
de traerlas a mi mente y a mi mano
y desnudarlas, poco a poco, con la palabra.
de traerlas a mi mente y a mi mano
y desnudarlas, poco a poco, con la palabra.
Me acuso de atrapar el suspiro,
de cortar su aire con los ojos,
de hacerlo silbido en mis dedos…
y de poco a poco…también desnudarlo.
y de poco a poco…también desnudarlo.
Me acuso de tocar la rosa
y hacer de mi sangre un color nuevo,
de horadar el papel con sus pensamiento
y de desnudarla, a todas horas, con la palabra.
de horadar el papel con sus pensamiento
y de desnudarla, a todas horas, con la palabra.
Me acuso, además, de no querer ser yo a veces
pero seguir quebrando lo callado,
de respirar lo irrespirable,
de respirar lo irrespirable,
de poner la mano en mi frente inquieta
y participar en la eterna bacanal nocturna,
desnudándolo Todo…,
desnudándolo Todo…,
¡Todo!, todo con la palabra.
Me acuso, sí, me acuso,
de hablar sin boca y besar sin labios,
de hablar sin boca y besar sin labios,
de acariciar sin tacto y oler sin olfato;
de desnudar el alma con ella, siempre con ella,
de desnudar el alma con ella, siempre con ella,
pensando que nada dejo en cueros
que todo forma parte del juego del verso
creyendo que así consigo esconderme
que todo forma parte del juego del verso
creyendo que así consigo esconderme
tras esa imagen que sin permiso descubro.
Hoy me acuso, sí, me acuso de todo eso y más,
y me condeno a vivir el infierno de las pequeñas cosas
y de su inocencia violada; confesando mi culpa,
desnudándome en lento castigo,
poco a poco, con la palabra.
Rosa M. Arroyo
Rosa M. Arroyo













