
Era tan vanidoso que escribía sin cesar sobre sí mismo hasta que los folios, aburridos de observar las mismas historias siempre, se escaparon por la ventana en busca de libertad.
El hombre corrió a su casa y, para evitar que se le volvieran a rebelar, se fue comiendo uno a uno cada papel que encontraba. Cuando se puso enfermo, el diagnóstico del médico fue que tenía una indigestión de egolatritis debida a que le era imposible digerir sus propias palabras porque, éstas, le estaban devorando por dentro.
Emma Rosa

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