domingo, 25 de mayo de 2008

PALABRAS RASANTES por Mariángeles Cantalapiedra


Mis dedos están mudos; mi corazón yace…, no sé en dónde.
He dejado de mirar a la nube; sólo veo agua, no hay puerto para sujetar mis palabras.
No escribo, las letras se me retuercen repitiendo siempre lo mismo.
La pantalla está virgen o sucia, depende cómo se mire, y la papela es su estación más próxima.
La imaginación se evaporó y los duendes se fueron de vacaciones. Sin ir más lejos, ayer recibí una postal suya. Parece que les va bien y me invitan a que yo haga lo mismo.
No lejos, oigo música, pero mis influjos no se sienten bailarines, ni siquiera de historias mal contadas, y el cielo está a tope de poetas lamiendo sus versos; no hay lugar para mí.
Apago la luz, me siento cómoda en la oscuridad; al menos palpo mis sombras.
Espero…
Quizá, un día vuelvan los engarces a mis manos y mis yemas vuelvan a teclear lo que dicte este corazón ausente.

MªÁngeles Cantalapiedra

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