sábado, 25 de octubre de 2008

HOJAS DE OTOÑO-Por Mariángeles Cantalapiedra

Amaneció lloviendo. El aire silbaba en mi ventana con rabia mientras mi pereza hacía gala de esa hora temprana en la que no distingues si es niebla lo que oscurece tus ojos, o un sueño que no despierta.
Me vestí con lentitud y desidia; hay personas en esta vida que te llegan a convencer de que hagas lo que hagas, nunca llegarás a ser luz en un día gris y yo, me lo creí. Así que, ¿para qué la prisa, la emoción de comenzar?
Fuera, el día intentaba clarear sin éxito. Parecía que la oscuridad en esa jornada sería eterna, y sólo permanecería con vida el viento que insistía en rugir, aunque no lograra encender la llama vital de mi existencia.
Sin embargo, el dispositivo interno programado, no encuentro mejor expresión para contar que mis actos aunque mi cabeza no funcione ni mi corazón sienta, hay algo que hace moverme, realizar los mismo gestos sin que sea consciente de ellos… Y, entonces, abrí la ventana, como cada día, y vi volar, volar muchas hojas ambarinas. Corrían con la prisa de llegar a su destino. ¿Cuál? El fin. Para ellas ya había terminado su plazo. Se estrellarían contra un parabrisas, yacerían en medio de una calzada. Otras, aún revolotearían un poco más por un parque desierto…, quién sabe.
Para mi esas hojas muertas fueron un chorro de agua viva en una mañana en que no deseaba amanecer, pero el otoño y su hechizo me hicieron caminar un día más de mi vida
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Texto: Mariángeles Cantalapiedra
Fotografía: Lola Bertrand

sábado, 18 de octubre de 2008

ELOGIO DEL OTOÑO (Caticrónica contradictoria) Por Cati Cobas

Dicen que sólo los sabios son capaces de aceptar con dignidad sus propias contradicciones. Y no quisiera que mis nietos llegaran a pensar que su abuela fue una mujer muy necia. Es por eso que hoy me dispongo a escribir este elogio del otoño.
Sí, amigos, después de haber dicho el año pasado que odio esta época , me siento a teclear un elogio para ella. ¿Qué el cambio de estación me tiene trastornada? Me tenía. Lo irremediable ya se ha impuesto. Por más que ate, una a una, las hojas a los árboles, éstas seguirán cayendo, y por más que me empeñe, no volveré a tener ni quince, ni tan siquiera unos cuarenta abriles. Los médicos y abogados me parecerán, cada vez, más chiquilines y cada vez, necesitaré un poco más de aumento en los cristales de los anteojos. Evocaré, con más nostalgia, aquella callecita de mi barrio, aquel bolero inolvidable, o aquel hermoso día en que Allen me conmoviera profundamente con su primera película.
Ahora, cuando todas las que veo me parecen repetidas, es cuando me impongo este deseo de simpatizar con el otoño.
¡Otoño! Este marzo Buenos Aires resplandece. No hace frío. Un sol brillante me acompaña en la caminata por el parque. El césped está recién cortado. Mi alma respira la esencia que brota de la tierra generosa, y comienza a sentirse agradecida. Por el camino andado, por haber podido sostenerme en vendavales y tormentas de verano y primavera, otoño, yo te doy gracias. Por tener a mi lado un hombre bueno, por los hijos que crecen, por la mirada dulce de mi madre, te doy gracias. Porque estar llegando al otoño y permanecer entera, no deja de ser un milagro increíble, aunque las arrugas se empecinen en rodear los ojos, y cueste un poco más subir por la cuesta que el destino marca. Porque ahora reconozco que haberc onservado a los amigos, así como tener otros muy nuevos, es recoger las mejores primicias de los frutos y los racimos más jugosos de la vendimia de este tiempo de nieblas y de noches más tempranas. No importan ya las "pausias" sin remedio. ¿A quién le asustan los calores y sofocos?
Una mujer valiente enfrenta erguida su destino, y deja de temerle al frío imparable que sobrevendrá de todos modos. Yo me digo, mientras transito los senderos crujientes y dorados, si se ha sembrado amor y el agua del sudor y de las lágrimas regó la tierra fértil. ¿Por qué seguir diciendo que te odio, amigo mío? Quiero firmar definitivamente el armisticio y reconciliarme para siempre con tu esencia, que encierra uno de los mejores secretos que la vida nos sugiere, ya que si aprendo a amarte, Otoño, podré envejecer con dignidad altiva, y recibir al invierno, enamorada.
Cati Cobas

¡ODIO EL OTOÑO! por Cati Cobas

Mi libro de lectura de Tercer Grado se llamaba Albricias y su autor era Gaspar L. Benavento. Nunca comprendí cómo alguien que le había puesto un título tan bonito a su libro había elegido como primera lectura la historia de una mujer que iba a morir cuando cayeran las hojas de los árboles. Para salvarla, su hija las ataba con lana, y así la mujer no moría. Se ve que en esa época no se pensaba tanto en los traumas sicológicos, pero les aseguro, amigos, que la frase: "Morirá cuando caigan las hojas" ha quedado grabada en mí, y creo que es una de las causas del enojo que me produce la llegada del otoño.
Todos encuentran belleza en esta estación del año. Hablan de sus colores, aromas y sabores como de algo casi mágico. Pero, por ahora, no puedo ser sabia y decir que es bello. Nunca me gustó el otoño. No le veo nada de bonito, romántico o poético. Van a tener que disculparme. Me cae pésimo. El viento, "lei motiv" otoñal por aquí, no me sienta. Me fastidia enormemente ver las hojas doradas que caen de cuanto árbol nos rodea. Tapan los albañales, y forman montañas de basura que la municipalidad no recoge. En mi tierra no se comen castañas, y como vivo en un departamento, el hogar de leña no existe. Sólo encendemos la estufa a gas, que no tiene nada de romántico, pero abulta considerablemente la cuenta de gastos a finde mes. No me gusta pensar que se avecina el frío, se van los pájaros y las flores menguan. En cuanto a la niebla: me parece un incordio abominable. Y el principal responsable de los accidentes de tránsito en las madrugadas porteñas. Si pudiera, ataría las hojas a los árboles para detener el verano, como la protagonista de mi cuento.
No me gusta el otoño. Cuando era chica significaba el fin de la holganza y el comienzo de las clases. El preanuncio de los sabañonesy la docena de abrigos que me hacían sentir un matambre* durante todo el invierno.Lo peor es que he descubierto que no se conforma con soplar y tapar los albañales. Es tan perverso, que se ha metido con la especie humana. Tanto en la vida de los varones, como en la nuestra, toma forma de mujer para que no lo reconozcamos. O por lo menos, eso creo, ya que los apelativos con los que se llama el otoño humano terminan con el sufijo griego "pausia" que significa corte, cesación. Ese es el otoño que más enojo me produce: parece que no sólo no piensa irse, sino que va dejando señales de que en unos años llegará un frío aún mayor, de que la vida tiene fecha de caducidad, igual que la leche y el yogurt. Una ya lo supo desde siempre, pero ahora las evidencias son más que palpables. La piel se arruga, los dientes se estropean, el sostén y la faja no se dan abasto para levantar todo lo que cae, imitando a las hojas amarillas, la niebla de la presbicia se instala en los ojos, y lo peor, cada tanto, aparece en el cerebro que comienza a ver la vida más gris, en vez de recuperar el sol de la primavera y el verano. Y para recordarnos el verano que ya pasó, la muy cretina nos deja los sofocos. ¡No hay derecho!
Y una se llena de preguntas sin respuesta y las dirige hacia el otoño, como si él fuera el responsable del paso inexorable del tiempo vital: ¿No podría haberse prolongado un poco la época de la siembra? ¿Por qué tan rápido llegar a la cosecha y preanunciar la siega?El otoño no responde por sí mismo, pero la vida sí lo hace.Porque mientras allá en el hemisferio Norte este "amigo" está por visitarlos, aquí Buenos Aires rebosa de golondrinas y azaleas.Y, mal que me pese, comprendo que debo aceptar que hay un tiempo para todo, y que la vida se renueva en un ciclo que continuará mucho más allá del momento en que caigan mis hojas.
Cati Cobas

viernes, 17 de octubre de 2008

VIEJOS AL SOL por Mariángeles Cantalapiedra



Hoy ha hecho una tarde muy hermosa; el otoño nos viene regado de sorpresas: días de tormenta que encienden el cielo hasta echar chispas por sus cráteres celestes.
Otros, son días de lluvia fina que calan nuestra alma hasta empaparla de nostalgia.
Y días, como el de hoy, en que los colores dan sus últimos suspiros. Tardes de un sol tierno y forajido que hacen de las hojas glaucas y ambarinas que penden sobre los árboles, el refugio idóneo para el trino de un pájaro locuaz.

Los ancianos, cuyo tiempo es casi ya eterno, pasean mirándose a sí mismos, disfrutando de este membrillo que, quizá, sea el último.
Me gusta observar a los hombres viejos en estas tardes de otoño.
Son niños expuestos a un rayo que no pica, que acaricia sus kilómetros de arrugas y que les hace salir al mundo a pasear sus silencios, a contemplar la hojarasca del solsticio ajeno, las soledades de otros, y comprobar que no están solos bajo la tempestad de la vejez que va marchitando la memoria, la sangre, los huesos…

Sí, me gusta ver a estos ochentones al sol, en un otoño templado, de tardes cortas y mañanas frías. Me hacen pensar en la sabiduría de sus ojos mientras la niebla cae sobre ellos y cómo subsisten a pesar de sentirse árboles caídos cuyas hojas, en otoño, se vuelven ocres, aceitunas y bermejas.


MªÁngeles Cantalapiedra

MIS OTOÑOS SON MUY MÍOS por Carmen Amaralis Vega Olivencia

Mis otoños son muy míos. Hay tantos otoños como los dedos de la mano. Hay otoños cortos, otoños largos, otoños gruesos en flores secas, y otoños delgados y rojos. Pero los otoños que yo conozco son muy míos. Son violentos,lluviosos, rabiosos, con ventoleras y vendavales de hasta 200 Km./hr. Mis otoños son impredecibles. Pueden arrancar tus raíces y llevarlas en vértigo de fuerza mortal hasta muy lejos. Otras veces ese mismo otoño en torbellino también dibuja avalanchas de caballos desbocados en las nubes. Y sus atardeceres, cuando se acuesta el sol, rompen los prismas del cielo y te regalan, para tu consuelo, todo un firmamento nmulticolor, pintando de azules y naranjas las ventanas de tus ojos. En mi tierra la llegada del otoño trae la frescura anhelada. El ardor de meses del infernal calor del verano termina, y se disuelve con la lluvia torrencial que nos trae ese otoño esperado y voluptuoso. Y la tierra agradecida lo espera para desvestirse del amarillo en sus praderas, y cubrirlas de esmeraldas y cristales de luz con las gotas de rocío en las madrugadas que besan un sol pálido y tímido ante tanta belleza. Mis otoños son muy míos. Si lo deseas, los comparto contigo en el Caribe.
Carmen Amaralis

¡QUÉ BELLA ES LA PRIMAVERA! Por Lola Bertrand

Hoy ha llovido sobre el techo de cristal de un tiempo perdido. Llovió tanto y tanto que el sonido de la lluvia se convirtió en palabras.El alboroto externo anuncia primaveras. Es un nudo de verdes que dejará paso a un arco iris de colores. ¡Qué bello paisaje!, -sueñan los ojos mientras se arrancan las malas hierbas de las pestañas.Vuelan cometas. Nunca dejará el viento de trasladar de un lado a otron uestros sueños. Cometas, estandartes de veleidosas alegrías futuras, anunciadoras de sonrisas en un mundo de gérmenes vestidos de esperanzas.Hoy ha granizado sobre un techo de cristal de un tiempo olvidado. Aun es primavera, susurran los árboles del parque, y los nidos de los cisnes dejan adivinar el plumón de sus "patitos feos".El granizo destruyó la cosecha de almendros y cerezos, pero la vida sigue: dolorosamente pujante y hermosa, pero sigue…Nada acontece en las estaciones sin una razón muy perentoria. Cada acto de la naturaleza, aunque parezca dañino, tiene su razón de ser.La lluvia, el granizo, el sol, el viento son símiles de los estadios de otros sentimientos más profundos.¡Qué bella es la primavera!, aunque llegue cargada de grises,aunque no todas las miradas tengan sus retinas cuajadas de colores…

Lola Bertrand

ATARDECER DE OTOÑO- Por Luis Alcocer

-¡Cuánto tiempo sin venir a pasear por el parque, querido! ¡Cómo sabes hacer lo que siempre me gusta! ¡Qué bien me conoces!...

Un paseo por el parque, al atardecer, viviendo el Otoño con intensidad. Apretó fuertemente su brazo, mientras seguían andando:

-Cualquier otro marido se hubiera quedado en casa viendo el fútbol oen el bar con los amigos, pero tú eres distinto. ¡Para que luego diga Mamá que todos sois iguales y que la mujer casada es una esclava! Tú siempre haces lo que yo quiero. Y es porque estás muy enamorado de mí, lo cual es muy lógico, que no sabes la suerte que has tenido;mira a las mujeres de tus amigos, todas viejas y gordas, parecen misabuelas... Y, además, unas cotillas y unas antipáticas envidiosas.

Le cogió la cabeza y comenzó a besarle repetidamente en un oído:
-Mira, el estanque. Qué tranquilidad. Aquí solos los dos. Me gustaría poder detener el tiempo eternamente.

Él solo tuvo que empujarla. El ruido del cuerpo contra el agua quebró levemente el silencio. Luego, un chapoteo, unos segundos y un manto de paz se extendió por el parque.

Se dirigió hacia la salida, procurando no pisar una fila de hormigas que volvían a casa llevando a cuestas una cucaracha muerta: "Todavía llego a tiempo de ver el partido. Hoy gana el Madrid, seguro, y el Barsa fuera de la Copa de Europa".
Luis Alcocer

OTOÑO-Por Pilar Moreno Wallace


Me estremece la llegada del otoño, que se presenta despacio, sin prisas, tomando su forma y su sitio, deslizándose en nuestras vidas, apaciguado el deslumbrar primero del mutuo descubrimiento. Gozamos de la plenitud de nuestras sensaciones, avivadas por brotes de recuerdos, en la cumbre del camino que llevamos recorrido y esperamos con calma el comienzo del temido descenso. ¡Cuento contigo!, sé que estás aquí, has estado siempre desde el principio, cuando el mar del sur hizo uno nuestros caminos. No necesito oír tu voz para sentirte,me enseñaste a escuchar en el silencio. Por eso abro mi corazón y dejo entrar a tu silencio, porque el amor, este amor nuestro, no necesita de las palabras.

Pilar

sábado, 4 de octubre de 2008

JARDÍN DE OTOÑO por Mariángeles Cantalapiedra

¿Qué es materia sino la viva certeza de la nada?
Ensamble de espacios en ocres sonoros donde la vida muere y nace la belleza exánime en tus dedos de escultor. El fruto del castaño, la hoja del acre, el hongo hendido en el musgo bajo una luz envuelta en la niebla que difumina mis sentidos...
Y tú, caminando bajo el espacio otoñal. El crujir de las láminas hasta hacerse polvo en tus pies de hayedo...
Y yo, fabricando otoños en mis días de dulce ceniza.
Sí, ayer vi tu arco iris al que negaba su existencia: cobres, pardos, adamascados, naranjas, sangrantes pétalos cayendo sobre tu sombra marchita. Obertura en el silencio angosto de nuestras nostalgias, soledad que trepa hasta arrancarme el aullido del animal que llevo dentro. Déjame, déjame que me pierda y caiga reventado sobre la naturaleza que habla mientras el hombre no escucha...
Mañana será invierno.

MªÁngeles Cantalapiedra

UNA GAMA DE COLORES Por Lola Bertrand

Sabía que en algún lugar del tiempo y el espacio había una gama decolores que nos uniría. Y llegó el otoño, con su matiz de arena, donde nuestras huellas se besaban mientras volábamos cometas.

¡Era tan tierno aquél ocre –amarillento que confundía los deseos denuestros pies!Soltamos el hilo conductor de nuestros sueños y las dejamos marchar:necesitaban ser libres, tan libres como el viento otoñal queconfiguraba nuestros cuerpos.

Y allí, frente a nosotros, estaba el otoño, ése que conocíamos tanbien, el que albergaba el silencio de los árboles.¿Recuerdas cómo nuestras manos se fundían, mientras, en un descensopausado, sus lágrimas marrones se disolvían en el suelo?

Nuestro ojos se miraron solamente una vez, y allí, entre la hojarasca, no pudieron esconder el arrebato intenso de pasiones que les contenía.

Las horas nos resbalaron por dentro colores diferentes, una gama distinta que nunca habíamos tocado.

Tu voz más ronca,
la mía más pausada;
tu piel más flácida,
la mía menos tersa;
tu boca más audaz,
la mía más temblorosa;
y tus manos tan calientes como las mías.

Yo soy otoño, gris, anaranjado, niebla, madura nuez que deja saboresdiferentes en tus labios,
y…tú también…

Lola Bertrand

miércoles, 1 de octubre de 2008

PENSAMIENTOS DE OTOÑO por Lola Bertrand


Os siento caer, suaves, con esa lentitud que asemeja el preludio de un suspiro. Frágiles, cual mariposas carentes del tentador colorido de las alas.Y me duele esa transformación lenta, de verde a ocre, cuando el pedúnculo aún asido a la rama mantiene la esperanza de la sabia.(Y me duele tanto, que lloro, lloro por mí, que, como vosotras, acartono mi piel en un rincón minúsculo del paisaje.) Observo la elegancia del trazo que vuestro cuerpo va dejando en el aire. Ruta desconocida hacia la muerte. Siento ese abrazo apretado que la tierra os ofrece. Esa mutación que os aguarda, en un inexplorado mundo donde seréis un todo con la transformación de la materia.(Vuelvo a mí, me siento hermanada con el futuro de las hojas.¡Es tan bella la humedad de sus verdes cuando están pletóricos!,parece que la vida jamás dejará de transitar por sus arterias, pero…). Casi puedo sentir ese primer contacto con el suelo, el pensamiento transitorio de que podrán volver a volar eternamente…(No podrán volar, ni ellas ni yo podremos; una vez que las garras dela decadencia atrapan su presa, ya no la sueltan, nunca…)Es el círculo que se completa: queramos o no somos líneas, diferentes contornos trazados en un pergamino llamado vida.(Abrazaremos la tierra, es nuestro lecho de amor, desde siempre,desde antes…)


Lola Bertrand

OTOÑO por Jósé Álvarez Arnal (Atho)

En el seno de un aire turbio nos acosa la indiferencia. Tras la puerta esmerilada del pensamiento se adivinan señales de añoranza de un tiempo pasado más feliz. Triunfantes en huídas que creemos necesarias, forjamos imágenes de un futuro extraño. En el grito de los tiempos, extraviada la virtud de dar cariño sin esperar nada a cambio, no sabemos sobrevivir al amor verdadero, y perplejos, nadamos apaciblemente en la estupidez.
En este otoño, pergamino amarillo, alguien habrá pasado con su amor, una noche única y sutil, sagrada como la luna. Esa luna, Vieja Luna, que ayer seguramente ignoró que lo de ellos era sincero.


ATHO