Mis otoños son muy míos. Hay tantos otoños como los dedos de la mano. Hay otoños cortos, otoños largos, otoños gruesos en flores secas, y otoños delgados y rojos. Pero los otoños que yo conozco son muy míos. Son violentos,lluviosos, rabiosos, con ventoleras y vendavales de hasta 200 Km./hr. Mis otoños son impredecibles. Pueden arrancar tus raíces y llevarlas en vértigo de fuerza mortal hasta muy lejos. Otras veces ese mismo otoño en torbellino también dibuja avalanchas de caballos desbocados en las nubes. Y sus atardeceres, cuando se acuesta el sol, rompen los prismas del cielo y te regalan, para tu consuelo, todo un firmamento nmulticolor, pintando de azules y naranjas las ventanas de tus ojos. En mi tierra la llegada del otoño trae la frescura anhelada. El ardor de meses del infernal calor del verano termina, y se disuelve con la lluvia torrencial que nos trae ese otoño esperado y voluptuoso. Y la tierra agradecida lo espera para desvestirse del amarillo en sus praderas, y cubrirlas de esmeraldas y cristales de luz con las gotas de rocío en las madrugadas que besan un sol pálido y tímido ante tanta belleza. Mis otoños son muy míos. Si lo deseas, los comparto contigo en el Caribe. Carmen Amaralis

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